Sunday, June 18, 2006
Sunday, April 16, 2006
A último minuto
-¡Disculpe, podría esperar acá por un momento! Saldremos enseguida...
-No hay cuidado, amigo.
¡Imbécil! Detesto que los extraños me llamen “amigo”... ¡Lo odio! Ahora, sólo queda esperarte mientras el taxista carga sobre mi cuenta... ¡Ya me debes varias facturas! ¿Cómo piensas salir y huir de todos? Hace tiempo había olvidado estos líos de fugas contigo... El escapismo de siempre: Fans, fotógrafos, contratistas... ¿Recuerdas que yo te rescataba? ¡Y luego fue trabajo de ella! Casi puedo verla, sola en la habitación, mordiendo sus uñas, sosteniendo el cigarrillo con nerviosismo, sospechando de mí... ¡Tendrás que dar tediosas explicaciones cuando regreses! Ella, mi hermano, yo... todos piezas movibles en tu juego ¿Por qué no te marchas a un maldito hotel?
¿Y si subo al taxi? Podría alejarme y darte una lección: Saldrías orgulloso, sintiendo ese control que crees tener sobre mí, y luego tu rostro se deformaría en esa mueca de asombro tan tuya, transformándose al descubrir mi ausencia... ¿Subo al taxi? ¿Quizás podría decidirlo con una moneda? Aunque... Resultaría peor abandonarte... ¿No?
-¿Nos vamos?
-Pero… ¿De dónde putas sales?
-La puerta de empleados... Un nuevo truco... ¿Este es nuestro taxi?
-Sí...
-Perfecto. Llévenos a esta dirección, por favor. Querido, debí decirte antes que debo pasar a casa de unos amigos... Un asunto rápido ¿Te resulta incómodo?
-No hay cuidado, amigo.
¡Imbécil! Detesto que los extraños me llamen “amigo”... ¡Lo odio! Ahora, sólo queda esperarte mientras el taxista carga sobre mi cuenta... ¡Ya me debes varias facturas! ¿Cómo piensas salir y huir de todos? Hace tiempo había olvidado estos líos de fugas contigo... El escapismo de siempre: Fans, fotógrafos, contratistas... ¿Recuerdas que yo te rescataba? ¡Y luego fue trabajo de ella! Casi puedo verla, sola en la habitación, mordiendo sus uñas, sosteniendo el cigarrillo con nerviosismo, sospechando de mí... ¡Tendrás que dar tediosas explicaciones cuando regreses! Ella, mi hermano, yo... todos piezas movibles en tu juego ¿Por qué no te marchas a un maldito hotel?
¿Y si subo al taxi? Podría alejarme y darte una lección: Saldrías orgulloso, sintiendo ese control que crees tener sobre mí, y luego tu rostro se deformaría en esa mueca de asombro tan tuya, transformándose al descubrir mi ausencia... ¿Subo al taxi? ¿Quizás podría decidirlo con una moneda? Aunque... Resultaría peor abandonarte... ¿No?
-¿Nos vamos?
-Pero… ¿De dónde putas sales?
-La puerta de empleados... Un nuevo truco... ¿Este es nuestro taxi?
-Sí...
-Perfecto. Llévenos a esta dirección, por favor. Querido, debí decirte antes que debo pasar a casa de unos amigos... Un asunto rápido ¿Te resulta incómodo?
Thursday, April 06, 2006
-No me he olvidado de ella. ¿Ponernos al corriente? ¿Un par de tragos? ¿Qué tiene ella que ver?
-Te buscará.
-Tú no la conoces.
-Te buscará.
-Quizás. Pero hoy no estoy disponible. ¿Qué dices? ¿El bar de siempre?
-¡Tengo planes de ver a alguien!
-¿Puedo acompañarte? ¿Esperarte?
No. No quiero. No quiero tenerte cerca. No puedo imaginarte rondado nuevamente por la habitación, fumando nerviosamente, explicándome las historias de tus actuaciones, tus amantes, tus manías y tus nuevos ases bajo la manga. No quiero.
Han vuelto golpes sobre la puerta. Tu asistente irrumpe, lanza una mirada certera sobre mí y te hace un molesto guiño con el ojo. ¡Ha llegado la hora de volver a ponerte en vitrina! Y has llorado... ¡Eso no se le hace al maquillista!.
-Disculpe, señor. Los contratos...
-Dame un minuto.
-No podemos hacer esperar a los clientes. Usted lo sabe. Inventaré algo.
-Lo sé. Voy para allá.
¡Has perdido el control! Eso es lo que te ha sucedido... ¡Por eso regresaste! Ya nadie te alaba como antes. Ni ellos, ni ella... ¿Crees que aún te idolatro yo? ¿Crees que es posible?
-¡Por favor, necesito irme contigo a tu pinche cita! Quiero salir de aquí.
Maldita sea.
-¡Dos minutos! Te espero afuera, frente a la parada de taxis. ¡Te doy dos minutos!
-Te buscará.
-Tú no la conoces.
-Te buscará.
-Quizás. Pero hoy no estoy disponible. ¿Qué dices? ¿El bar de siempre?
-¡Tengo planes de ver a alguien!
-¿Puedo acompañarte? ¿Esperarte?
No. No quiero. No quiero tenerte cerca. No puedo imaginarte rondado nuevamente por la habitación, fumando nerviosamente, explicándome las historias de tus actuaciones, tus amantes, tus manías y tus nuevos ases bajo la manga. No quiero.
Han vuelto golpes sobre la puerta. Tu asistente irrumpe, lanza una mirada certera sobre mí y te hace un molesto guiño con el ojo. ¡Ha llegado la hora de volver a ponerte en vitrina! Y has llorado... ¡Eso no se le hace al maquillista!.
-Disculpe, señor. Los contratos...
-Dame un minuto.
-No podemos hacer esperar a los clientes. Usted lo sabe. Inventaré algo.
-Lo sé. Voy para allá.
¡Has perdido el control! Eso es lo que te ha sucedido... ¡Por eso regresaste! Ya nadie te alaba como antes. Ni ellos, ni ella... ¿Crees que aún te idolatro yo? ¿Crees que es posible?
-¡Por favor, necesito irme contigo a tu pinche cita! Quiero salir de aquí.
Maldita sea.
-¡Dos minutos! Te espero afuera, frente a la parada de taxis. ¡Te doy dos minutos!
Sunday, April 02, 2006
-¡No lo haré nunca! Y sabes bien, en todo caso, que no puedo localizarlo. ¿Por qué no se lo piden ustedes?
Levanto la vista para poder observarte. Te has quedado en silencio. De pronto, empiezas a pasearte por la habitación. Caminando sobre la misma ruta. Vas y vienes. Esa adicción tuya por sentirte siempre en movimiento. ¿O es que acaso estás preparándome una actuación? ¡Sí, eso haces! Estás preparando la escena de tu súplica. Una sonrisa perversa se me dibuja en los labios. ¡Estoy de nuevo contigo! Gozando de las confrontaciones… Pero no. Ya no quiero coexistir en guerras contigo. Ni con nadie.
- Ella no puede hacerlo. Creíamos que tú…
Un par de ligeros golpes sobre la puerta interrumpe tu perorata. Por la abertura, tu asistente asoma la cabeza. Se sorprende con mi presencia.
- Lo siento. En cinco minutos debemos firmar algunos contratos.
- Está bien. Estaré listo para entonces.
Empiezo a caminar hacia la salida. Me interrumpes el paso. Eso no lo esperaba. Estás ahí, atónito, frente a mi rostro. Me acaricias suavemente la mejilla. Un par de lágrimas se escapan de tus ojos. Yo no esperaba este circo. ¿Qué pasa contigo? No estás actuando, lo sé. Nunca has podido engañarme con tus representaciones. Me abrazas con ímpetu. Yo me paralizo. ¿Dónde está tu ego, narciso?
- Ayúdame a salir de aquí. Al menos por esta noche, déjame quedarme en tu casa. ¡Por favor!
No sé que responderte. Negarte eso es rebajarme a tu nivel. Pero no me siento listo para tenerte rondando esta noche en el apartamento. Mi voz empieza a salir, quebrándose ligeramente… Soy un manojo de nervios. Ahora sí que me has puesto en un dilema: ¿Cómo rechazarte? ¿Cómo?
Levanto la vista para poder observarte. Te has quedado en silencio. De pronto, empiezas a pasearte por la habitación. Caminando sobre la misma ruta. Vas y vienes. Esa adicción tuya por sentirte siempre en movimiento. ¿O es que acaso estás preparándome una actuación? ¡Sí, eso haces! Estás preparando la escena de tu súplica. Una sonrisa perversa se me dibuja en los labios. ¡Estoy de nuevo contigo! Gozando de las confrontaciones… Pero no. Ya no quiero coexistir en guerras contigo. Ni con nadie.
- Ella no puede hacerlo. Creíamos que tú…
Un par de ligeros golpes sobre la puerta interrumpe tu perorata. Por la abertura, tu asistente asoma la cabeza. Se sorprende con mi presencia.
- Lo siento. En cinco minutos debemos firmar algunos contratos.
- Está bien. Estaré listo para entonces.
Empiezo a caminar hacia la salida. Me interrumpes el paso. Eso no lo esperaba. Estás ahí, atónito, frente a mi rostro. Me acaricias suavemente la mejilla. Un par de lágrimas se escapan de tus ojos. Yo no esperaba este circo. ¿Qué pasa contigo? No estás actuando, lo sé. Nunca has podido engañarme con tus representaciones. Me abrazas con ímpetu. Yo me paralizo. ¿Dónde está tu ego, narciso?
- Ayúdame a salir de aquí. Al menos por esta noche, déjame quedarme en tu casa. ¡Por favor!
No sé que responderte. Negarte eso es rebajarme a tu nivel. Pero no me siento listo para tenerte rondando esta noche en el apartamento. Mi voz empieza a salir, quebrándose ligeramente… Soy un manojo de nervios. Ahora sí que me has puesto en un dilema: ¿Cómo rechazarte? ¿Cómo?
Sunday, December 25, 2005
… es imposible!
-Te has confundido. No es eso lo que queremos. Ella no podría pedirte eso.
-“Ni siquiera puedo ser padre. Es eso. Fisiológicamente, digo. Es eso.”
-Bueno… sí. Es eso. Pero no lo queremos de vos.
-Te has confundido. No es eso lo que queremos. Ella no podría pedirte eso.
-“Ni siquiera puedo ser padre. Es eso. Fisiológicamente, digo. Es eso.”
-Bueno… sí. Es eso. Pero no lo queremos de vos.
¿No de mí? ¿Entonces, de quién? Esto no fue idea de ella. Fue tu invención, tu plan para jorobarme, para hacer carroña con mi hígado y alimentar los ovarios de ella, la futura madre de tus vástagos. Pero mis órganos no están a tu disposición. Ni mis fluidos.
-¿Entonces, de quién?
-No sé cómo decirte esto…
Y fue entonces cuando lo comprendí. Cuando recordé cómo y cuándo ella había entrado en escena. Yo estaba fumando en la terraza mientras leías en el salón. Y ellos llegaron una tarde. Un día de lluvia. ¿Cómo me había olvidado de él? ¡De su desgraciado rol en esta historia! Todos nosotros, culpables; y él, la única víctima. ¡Hace tantos años! Cuando te fuiste con ella, él decayó. ¡No pueden pedirme eso! ¡Ni a él! Sería destrozarlo de nuevo… Esto es el colmo.
-¡Dime! ¿De quién? (Mi respiración se agita… Sé que dirá su nombre… Puedes leerlo en mí. Te veo.)
-Sí, de él. Ella quiere encontrarlo nuevamente… Quiere tu ayuda para localizar a tu hermano.
Sunday, December 18, 2005
Esa manía por idolatrarme cuando estoy cerca ha perdido su efecto. Aunque quizás provoca en mí una nueva ráfaga de ira que no sé identificar: Ya no me convencen las frases cliché que robas de los escaparates. Pero ¿qué podría decirte? El silencio crece y yo mirándote fijamente. Entonces, digo lo que nunca debí decir:
-¿Por qué te da gusto verme?
¡Ahí estaba el perdedor más perdedor haciendo trizas de sí mismo! Mientras tú te quebrabas en una sonrisa sarcástica. ¡Desde luego, te dejé mi ego como banquete! Vas a evadir la pregunta considerándote vencedor…
-Siempre me da gusto verte… (¡Lo dicho!) Me trae añoranzas del pasado. ¿Has conocido a alguien?
-No. Vivo en el aislamiento. (La mala leche me brota por los poros: ¡Tengo que controlarme, no puedo darte el gusto!) Vivo solo. Eso es lo quiero decir… ¿Por qué me llamaste?
Se muerde los labios, la mano sube a la oreja y como una revelación para mí, vuelve a bajar sin alcanzar la fuga de los nervios internos… ¡Así que has aprendido a controlar tu tic!
-¡Porque ella me lo pidió! Necesitamos un favor tuyo. Ella piensa que lo mejor era no estar presente cuando te lo pidiera. Sabe que no la estimas.
Mi respiración me delató. El aire se sentía tan denso y yo… ¡Mierda!
-¿Por qué te da gusto verme?
¡Ahí estaba el perdedor más perdedor haciendo trizas de sí mismo! Mientras tú te quebrabas en una sonrisa sarcástica. ¡Desde luego, te dejé mi ego como banquete! Vas a evadir la pregunta considerándote vencedor…
-Siempre me da gusto verte… (¡Lo dicho!) Me trae añoranzas del pasado. ¿Has conocido a alguien?
-No. Vivo en el aislamiento. (La mala leche me brota por los poros: ¡Tengo que controlarme, no puedo darte el gusto!) Vivo solo. Eso es lo quiero decir… ¿Por qué me llamaste?
Se muerde los labios, la mano sube a la oreja y como una revelación para mí, vuelve a bajar sin alcanzar la fuga de los nervios internos… ¡Así que has aprendido a controlar tu tic!
-¡Porque ella me lo pidió! Necesitamos un favor tuyo. Ella piensa que lo mejor era no estar presente cuando te lo pidiera. Sabe que no la estimas.
Mi respiración me delató. El aire se sentía tan denso y yo… ¡Mierda!
Thursday, December 15, 2005
¡Tartamudeas! ¿Ya me has visto? ¡Sí, soy yo! Lamento haber destrozado la hora de tu idolatría. Tus fieles aplauden. ¡Maldición! Hasta mi presencia te ha beneficiado: Esa adrenalina nerviosa que he provocado en ti es confundible con modestia e humildad. Me sigues con la mirada mientras ella nos acecha con la suya. No tengo que verla para percibir el odio con que nos espía.¡Ella tampoco está segura de tu afecto! No esperaba verme aquí. Es natural. Yo tampoco sé por qué he venido. Quizás sólo para autoflagelarme. Ella es otra víctima. Ambos convertidos en títeres al servicio de tu entretención.
Te acercas. Ella lo nota, te lo advierto (Si das un paso más hacia mí se marchará, estoy seguro). ¡Mide lo que te juegas! Luego tendrás que darle engorrosas explicaciones, confesar y expiar la culpa hasta que la arpía esté satisfecha. ¡Ahí va! Te lo dije. ¿No piensas ir tras ella?
¡Está bien! Supongo que no podía suceder de otra manera. ¿Quieres que te siga? ¿Eso significa ese gesto? ¡Como quieras! Jugaremos en tu escenario hoy... Esta oficina está impregnada de tu aroma, huele a tu marca de cigarrillos y tu sudor. Paredes rojas y cuadros abstractos, sofás cómodos... ¿Descansabas aquí antes de tu show? ¡Vamos, cierra la puerta! Dentro de unos minutos, cuando me marche, tus servidores aún estarán ahí... ¡Listo, ha llegado el momento!
-Ella se marchó. Aquí podemos hablar. ¿Recibiste mi llamada, verdad?
Sunday, December 04, 2005
Es inútil y debo confesármelo… Morfeo no está aquí. El maldito, (estoy seguro) está jugando con algún señor de cara flaca y sin bigote, que arrastrado por su esposa (fan de tu facciones, idólatra de tu imagen), se aburre en tus discursos sin sentido. ¡Sos un pinche cabrón… Tan imbécil como todos… Dejá de hacerte el experto lameculos! Ella, tu fan y tu esposa; ella, dos separadas y una sola; ella, todo un género femenino: te ama y no te conoce. Yo te amo, (te amaba, me gustaría decir) y por desgracia te conozco. Sería mejor verte en los afiches del teatro, en las fotos del periódico, y anhelar conocerte. Pero lo nuestro sucedió, y cada imagen tuya es un cataclismo emocional: Odio, deseo, vergüenza, conmiseración y anhelo. ¿Cómo puedes voltearme del revés? ¡Me detesto cuando te detesto, cuando me significas tanto, cuando soy incapaz de ignorarte!
No dormiré esta noche (Y de no confrontarte, de no mirar tu rostro, mi destino será dormir siempre como corriendo descalzo sobre los escarabajos: Una condena de malos sueños…)
Mierda, son las diez… Tu show acaba a las once quince. Debo darme prisa. ¿Qué te diré cuando te vea? (¿Qué les diré a ambos?) Lo pensaré en el camino. Sé que eso te irrita de mí. Mi capacidad para prever respuestas, para ensayar diálogos, para llevarte al punto exacto dónde quiero que estés. (Ella, tuvo que decirte que yo hacía eso contigo… Jamás lo notaste, nunca.)
Conjugaré mis verbos en el taxi. Quizás empiece por decirte: “¡He recibido tu llamada! Estoy aquí para concluirlo todo, para dejarte ir… (Y mirándola a ella, que estará a tu lado y te tomará del brazo, para mantenerte a su lado porque te reconoce perdido, le diré) ¡Querida, ojala no llegues a conocerle nunca! (Y mirándote de nuevo, agregaría) ¡Porque leer tu libro es aborrecer la literatura… Arruinas todo lo que te rodea, a ella, a mi…! ¿Cómo es posible que no se intuya en tus fotografías?” Y soltaría estas frases de forma casi susurrada, con paz, con sinceridad fingida, intentando que calen más profundo.
Este conductor es lento, precavido… ¡Maldita sea mi suerte! No hay por qué temer, sé que estarás ahí… ¿Por qué putas me perfumé?
No dormiré esta noche (Y de no confrontarte, de no mirar tu rostro, mi destino será dormir siempre como corriendo descalzo sobre los escarabajos: Una condena de malos sueños…)
Mierda, son las diez… Tu show acaba a las once quince. Debo darme prisa. ¿Qué te diré cuando te vea? (¿Qué les diré a ambos?) Lo pensaré en el camino. Sé que eso te irrita de mí. Mi capacidad para prever respuestas, para ensayar diálogos, para llevarte al punto exacto dónde quiero que estés. (Ella, tuvo que decirte que yo hacía eso contigo… Jamás lo notaste, nunca.)
Conjugaré mis verbos en el taxi. Quizás empiece por decirte: “¡He recibido tu llamada! Estoy aquí para concluirlo todo, para dejarte ir… (Y mirándola a ella, que estará a tu lado y te tomará del brazo, para mantenerte a su lado porque te reconoce perdido, le diré) ¡Querida, ojala no llegues a conocerle nunca! (Y mirándote de nuevo, agregaría) ¡Porque leer tu libro es aborrecer la literatura… Arruinas todo lo que te rodea, a ella, a mi…! ¿Cómo es posible que no se intuya en tus fotografías?” Y soltaría estas frases de forma casi susurrada, con paz, con sinceridad fingida, intentando que calen más profundo.
Este conductor es lento, precavido… ¡Maldita sea mi suerte! No hay por qué temer, sé que estarás ahí… ¿Por qué putas me perfumé?
Tuesday, November 29, 2005
Literalismo...
Te extraño. Te necesito. Regresa. No puedo continuar sin tí. Lo sabes.
Necesito que tus palabras vuelvan a lamer las llagas provocadas por mis sueños, que tus letras claven astillas en mi paladar. ¿O así debe morir nuestra historia?
Friday, November 11, 2005
Sintiendo frío en la ciudad, ajeno en la prisión de letras de un periódico, espero que el mozo traiga mi café. El olor a incienso en el aire delata ocultas ceremonias pasadas en callejuelas clandestinas. Hay buen ánimo en las aceras e incluso yo soy feliz. Los faros de los coches me lanzan luces que se hacen sólidas columnas horizontales en la neblina, cortándose por el paso de una sombra masculina que porta un abrigo largo, unido a unas manos enterradas en los bolsillos y a un blanco cuello que va cargando una mediana cabeza erguida, con ojos clavados en el inescrutable vacío. Y entonces quise conocer sus pensamientos… Escuchar cada mañana en mi aletargado apartamento el ronroneo de aquel par de zapatos negros… Leyendo esos ojos, sobre el borde humedecido del diario, encima de la fecha que se gastaba con el día, ejecuto marcialmente la orden impronunciada pero comprensible de seguirle el rastro. Mis dedos pescan un billete y lo arrojan con indiferencia sobre el terciopelo verde. Un restaurant de lujo y un cliente tacaño, la rutina del local. Al ruido de mis pasos sobre los adoquines se suman las maldiciones de algún chofer. ¡Y todavía hoy sigo sin entender los semáforos!
En la estación de autobús, a escasos cincuenta metros del café, se detiene. Su cabello gira para confirmar que le cuento los pasos. Me aproximo, temblando, arrastrando una sequía en mi garganta y anudando mis inseguridades en torno a ese cordón umbilical que me enlaza a sus aromas, a sus estupores. Ese húmeda brisa de madera que expiraba de su pecho.
Un silencio se impone. Los otros pasan, curiosos, mirando con recelo y adivinando lo que aún no ha sucedido pero sucederá. Yo espero, atónito, pensando sobre lo estúpido que soy, sobre mi pinche carácter. Volteo a mirarte.
-¿Te invito a una cerveza?, dijiste.
La desnudez y sinceridad de la invitación me desgarraron el recuerdo de mis desgracias personales. Fue entonces cuando me sacaste del fango. ¡En ese instante! Y como hábil creador, con la mezcla de brea y arcilla que soy, moldeaste un cuerpo para el hartado, para el cohibido… Me diste forma. ¡Aquella noche! Hablaste de escribir, de actuar, de modelar. ¿Y ahora te has deformado en esto? ¡Convertido en el rostro del dentífrico!
Pero hoy, ahora, estamos en la misma ciudad: Yo, pensando en el mismo café, esperando ver tu sombra pasar con la cabeza altiva y la mirada baja. ¡Pero sé que ya no tienes humildad! Y te lo diré esta noche.
En la estación de autobús, a escasos cincuenta metros del café, se detiene. Su cabello gira para confirmar que le cuento los pasos. Me aproximo, temblando, arrastrando una sequía en mi garganta y anudando mis inseguridades en torno a ese cordón umbilical que me enlaza a sus aromas, a sus estupores. Ese húmeda brisa de madera que expiraba de su pecho.
Un silencio se impone. Los otros pasan, curiosos, mirando con recelo y adivinando lo que aún no ha sucedido pero sucederá. Yo espero, atónito, pensando sobre lo estúpido que soy, sobre mi pinche carácter. Volteo a mirarte.
-¿Te invito a una cerveza?, dijiste.
La desnudez y sinceridad de la invitación me desgarraron el recuerdo de mis desgracias personales. Fue entonces cuando me sacaste del fango. ¡En ese instante! Y como hábil creador, con la mezcla de brea y arcilla que soy, moldeaste un cuerpo para el hartado, para el cohibido… Me diste forma. ¡Aquella noche! Hablaste de escribir, de actuar, de modelar. ¿Y ahora te has deformado en esto? ¡Convertido en el rostro del dentífrico!
Pero hoy, ahora, estamos en la misma ciudad: Yo, pensando en el mismo café, esperando ver tu sombra pasar con la cabeza altiva y la mirada baja. ¡Pero sé que ya no tienes humildad! Y te lo diré esta noche.
Monday, November 07, 2005
Lamiendo tu rostro con mi mirada...
Un hilo de saliva mancha mi almohada. Abrir los ojos me ha resultado una hazaña llena de audacia. Tuve que levantar, con la pinza natural que crean mis dedos pulgar e índice, la piel suave y cartilaginosa de mi párpado derecho para despegarla de mis violetas bolsas de cansancio. Las mirillas no querían abrir. Me estoy atrofiando. Me falta aceite. Cuando siento que merodeas por ahí, la grasa de mis articulaciones se aglutina, se condesa en cúmulos esféricos, en pequeños tumores de letargo. Quisiera huir de tu alcance, de tu mira telescópica, de tu silencio.
Pero no puedo... Hoy nos miraremos frente a frente: ¡En tu conferencia!.
(Lo sé, lo sé. Ella estará ahí. Una mierda. Pero tendré que enfrentarla.)
Tuesday, October 25, 2005
El teléfono está timbrando. Son las dos de la mañana. Chilla una, dos, tres veces. Vibra con ímpetu, desesperanzado y ansioso, tanto como el imbécil (encarnado en mí) al otro lado del auricular. Maldita sea, responde. Espero el contestador. No sé si mis entrañas sentirán el empuje necesario para soltar una frase que permanezca grabada para tu disfrute personal. Quizá sólo susurre tu nombre.
Se alza el auricular. Mis latidos se desbocan. Escucho esa voz. Es ella. Me congelo. No puedo decir nada. El tiempo se detiene. Interrumpo la conexión.
-¡Ese es el riesgo de llamarte!, pienso.
No quiero escucharla decir “diga” con ese dejo de nasalidad. Sería más cuerdo si espero una nueva llamada tuya. Porque tendrás que hacerlo…
-Llámame, mierda.
Se alza el auricular. Mis latidos se desbocan. Escucho esa voz. Es ella. Me congelo. No puedo decir nada. El tiempo se detiene. Interrumpo la conexión.
-¡Ese es el riesgo de llamarte!, pienso.
No quiero escucharla decir “diga” con ese dejo de nasalidad. Sería más cuerdo si espero una nueva llamada tuya. Porque tendrás que hacerlo…
-Llámame, mierda.
Sunday, October 23, 2005
Esta vez, no mezclaré vinos ni quesos en el caldo de tus memorias: secas, decoloradas pantomimas, desgastados arañazos. Mis omoplatos arrastran las señas de tus incisivos… Pero esta vez no caeré en tus mareas. Ni en tus remolinos…
No entraré en tu juego.
Y ella estará vigilante con su par de brazos rodeándote, su par de látigos cubiertos con púas que se clavan en tu piel. Tocarte es desangrarte. Eso te gustaba. Yo no lo comprendía.
Tu hedonismo, tu exhibición, tu glorificación, caen fragmentándose, minúsculos añicos atomizándose; cuando en la estación del tren (escondido en medio de otros pasajeros u oculto detrás de pilas de equipaje) has conseguido escapar de sus radares para enviarme anónimas señales de humo. Ella, quizás retocándose las verrugas, comprando algún cancerígeno empapelado, somnolienta en la madera pulida de alguna banca. Te veo temblando ante la posibilidad de ser descubierto. Y eso…
¡Es decadente!
No entraré en tu juego.
Y ella estará vigilante con su par de brazos rodeándote, su par de látigos cubiertos con púas que se clavan en tu piel. Tocarte es desangrarte. Eso te gustaba. Yo no lo comprendía.
Tu hedonismo, tu exhibición, tu glorificación, caen fragmentándose, minúsculos añicos atomizándose; cuando en la estación del tren (escondido en medio de otros pasajeros u oculto detrás de pilas de equipaje) has conseguido escapar de sus radares para enviarme anónimas señales de humo. Ella, quizás retocándose las verrugas, comprando algún cancerígeno empapelado, somnolienta en la madera pulida de alguna banca. Te veo temblando ante la posibilidad de ser descubierto. Y eso…
¡Es decadente!
Friday, October 21, 2005
Oficinas descarrilladas como laberintos de piedra inundados de conversaciones hediondas a naftalina.
Ha sido un mal día. Insignificantes tareas asignadas en una pizarra que esconde las letras entre los reflejos de la luz. La voz, cada vez más aletargada y dormida de mi jefa, se ha deshilachado. Gráficas, números, más gráficas. También un noventa por ciento de las jefas lamebotas deben tener esa mirada maquillada de prostituta venida a menos.
Estoy patológicamente cuerdo. No necesariamente cuerdo, sino más bien, enfocado. Quiero decir que tengo en la lente de mi cámara, frente a un lago olvidado de no recuerdo bien que ciudad, a un par de personas. Un hombre y una mujer. Un hombre que era mi soporte y una mujer que era el suyo… Aunque, tampoco esto es del todo veraz.
No es que fuéramos amigos, eso no hubiese sido posible, porque los frutos de nuestra relación… ¿nuestra relación? Bah, los melocotones podridos de ese árbol de tres ramas estaban plagados de gusanos tan asquerosos como los que me carcomen en sueños.
¡Sólo que nosotros no lo sabíamos!
O quizás lo sabías vos… Tus pensamientos, entonces, me resultaban ajenos. Y pensar que siempre ha sido fácil seguirte la pista: Los diarios, las carteleras, tus amigos. Bastaba un par de llamadas para saber cuál sería tu rumbo, el horizonte que estaba destinado a adolecer con tu belleza. Y yo te lo decía a menudo: Vives en tu aparador de cristal, claro que esto es visto desde óptica. Para mí, es tan sólo una cárcel donde yo puedo asomarme a través del espacio de los barrotes.
Naturalmente, había que romper las cadenas que arrastran el grillete. Tu labio inferior temblará cada mañana cuando las ruedas del autobús se arañen contra los cristales de viejos accidentes. He recordado que justo en esa esquina yo fui tu colisión.
Estoy patológicamente cuerdo. No necesariamente cuerdo, sino más bien, enfocado. Quiero decir que tengo en la lente de mi cámara, frente a un lago olvidado de no recuerdo bien que ciudad, a un par de personas. Un hombre y una mujer. Un hombre que era mi soporte y una mujer que era el suyo… Aunque, tampoco esto es del todo veraz.
No es que fuéramos amigos, eso no hubiese sido posible, porque los frutos de nuestra relación… ¿nuestra relación? Bah, los melocotones podridos de ese árbol de tres ramas estaban plagados de gusanos tan asquerosos como los que me carcomen en sueños.
¡Sólo que nosotros no lo sabíamos!
O quizás lo sabías vos… Tus pensamientos, entonces, me resultaban ajenos. Y pensar que siempre ha sido fácil seguirte la pista: Los diarios, las carteleras, tus amigos. Bastaba un par de llamadas para saber cuál sería tu rumbo, el horizonte que estaba destinado a adolecer con tu belleza. Y yo te lo decía a menudo: Vives en tu aparador de cristal, claro que esto es visto desde óptica. Para mí, es tan sólo una cárcel donde yo puedo asomarme a través del espacio de los barrotes.
Naturalmente, había que romper las cadenas que arrastran el grillete. Tu labio inferior temblará cada mañana cuando las ruedas del autobús se arañen contra los cristales de viejos accidentes. He recordado que justo en esa esquina yo fui tu colisión.
Tuesday, October 18, 2005
—Llegué hace tres semanas y contando.
En la pausa de tu mensaje telefónico, que según el cronómetro de mi teléfono fueron dos absurdos segundos que derribaron nuestro milenario silencio; en esa diferencia entre parpadeo y parpadeo, sentí tu garganta quebrarse y aspirar profundo. Tragar la saliva de los besos abortados. Y te imaginé pellizcándote la oreja: Ese tic que siempre delata tu confrontación de ideas, tu imposibilidad de unir las palabras.
-Hubiera llamado antes. Mi intención no es molestarte… Sólo necesitaba que lo supieras. No espero quedarme. Aunque, me intriga este deseo de verte y saber cómo estás...
Una nueva pausa. ¡Escúpelo! ¡Odio los rodeos! ¡He superado otros ecos perversos derramados por tu voz!
-Lamentablemente, no viajo solo. Ella aún viaja conmigo.
En la pausa de tu mensaje telefónico, que según el cronómetro de mi teléfono fueron dos absurdos segundos que derribaron nuestro milenario silencio; en esa diferencia entre parpadeo y parpadeo, sentí tu garganta quebrarse y aspirar profundo. Tragar la saliva de los besos abortados. Y te imaginé pellizcándote la oreja: Ese tic que siempre delata tu confrontación de ideas, tu imposibilidad de unir las palabras.
-Hubiera llamado antes. Mi intención no es molestarte… Sólo necesitaba que lo supieras. No espero quedarme. Aunque, me intriga este deseo de verte y saber cómo estás...
Una nueva pausa. ¡Escúpelo! ¡Odio los rodeos! ¡He superado otros ecos perversos derramados por tu voz!
-Lamentablemente, no viajo solo. Ella aún viaja conmigo.

